Dibujos solidarios con la Nación Yukpa.

AGRA - ALOIS- BOSCO - E. RAMIREZ - MUNDO - ORTIZPOZO - OSKY - S. BRAVO




El pasado está presente en este dibujo humorístico de OSKY, dibujante argentino autor del libro
"VERA HISTORIA DE INDIAS" 

ADVERTENCIA: CRIMINALIZAR LA LEGITIMA PROTESTA YUKPA
ES UN ACTO DE MAL HUMOR CONTRARREVOLUCIONARIO.

Los dibujantes hemos determinado, que quienes pretendan, inventar la risa observando nuestros dibujos solidarios con la Nación Yukpa, no serán interrogados como en la canción de protesta aquella de Mario Benedetti  “¿De qué se ríe señor Ministro? o ¿De qué se ríen las soldadas norteamericanas, cuando se toman fotos, pelando sus dientes, mientras exponen los cuerpos desnudos y mutilados  de sus prisioneros al escarnio público? Advertimos que tampoco impediremos su libre circulación  por el territorio nacional. Ni los trataremos como terroristas.

 Advertimos que en nuestro Blog, nunca hemos buscado el “rictus de primates”, para que la tragedia de nuestros pueblos originarios, como el caso de Yukpas venezolanos y Mapuches en Chile, más nuestra desesperación  por ello, se banalice, haciendo “chistecitos” como  la descarga evasiva de  risoterapia.  Tampoco creemos en el pensamiento atribuido a O. Wilde que “el humor es la gentileza de la desesperación”. Verdaderamente nos hace daño vuestro silencio, nos angustia el cinismo piadoso de “la paz y la unidad”, frente al sufrimiento humano programado desde el poder.

Los dibujantes de humor gráfico estamos hartos del conformismo generalizado, preferimos que se pierda la paciencia, que se indigne pensante, que piense qué hacer para cambiar las situaciones injustas presentes en nuestra cotidianidad. Use la sátira, la ironía, el sarcasmo, el humor negro (sin alusiones racistas), contra el que criminaliza la legítima protesta social, contra la politiquería corrupta, el latifundio y sus sicarios.

Aníbal Ortizpozo
Profesor, Artista Plástico prestado al Dibujo Político.


Emilio Agra


Alois



Bosco


Bosco


Emi Ramírez


Mundo Vargas

Mundo Vargas


Ortizpozo
Ortizpozo

Ortizpozo



Samuel Bravo

Samuel Bravo

Samuel Bravo

Hijo ilustre de Guaymallén, atesoró ochenta primaveras.




HIJO ILUSTRE DE GUAYMALLÉN, ATESORÓ  OCHENTA PRIMAVERAS.

Por Aníbal Ortizpozo

Suma ochenta primaveras aún apegado al olor de la tinta y a las texturas del papel, es un hijo ilustre de Guaymallén. Nos estamos refiriendo a nuestro más grande y reconocido humorista gráfico sureño, Joaquín Salvador Lavado Tejón, es posible que muchas personas no lo reconozcan por su nombre de pila. Se trata nada menos que de Quino ¡El padre de Mafalda!, nacido en Guaymallén, Mendoza, Argentina el 17 de julio de 1932.
Quién no ha coleccionado a Mafalda, leído y releído sus innumerables libros, creación única de su mente lúcida, verdaderos regalos a nuestra inteligencia y pensamiento crítico. Humorgráficonecesario, nuestro Blog, brinda por sus 80 años con el mejor de los vinos  tintos mendocinos, que nos gustan tanto como los chilenos ¡Salud!

Las contradicciones que nos habitan en ocasiones pueden ser parteras de pensamientos subversivos, revolucionarios, Quino como ser humano, no escapa a ello. Caminante de verdades, que en no pocas ocasiones le han generado problemas, por sus controversiales declaraciones, como la reciente entrevista que concedió a CNN en Español, cuando entre otras cosas, expresó:
“Sobre la política, "hoy no se sabe dónde está la izquierda, yo creo que izquierda ya casi no queda", y de los líderes actuales comenta que "entre Hugo Chávez y Barack Obama me quedo con Barack Obama, con algunas ideas de Chávez"
"Chávez tiene algunas reivindicaciones latinoamericanas que son muy válidas", apostilla Quino.
-¿Y las redes sociales? ¿Le interesarían a Mafalda? Parece que no mucho.
"Soy analfabeto de toda esta tecnología, de internet... yo tengo un telefonito para hablar por teléfono, pero después no sé sacar fotos ni mandar mensajes, ni recibir mensajes, ni leerlos…", confiesa Quino, que dice seguir "apegado al olor de la tinta y al tacto del papel" frente a la modernidad de las tabletas.
El creador de Mafalda reconoce que a él sí le gusta la sopa, pero no le gustó nada, en cambio, que se usara la imagen de su icónico personaje para atacar la ley SOPA, aprovechando el odio visceral de la niña a este plato.
"Con SOPA, eso me dio mucha rabia. Cuando hay partidos políticos, de cualquier país que sean, que la usan para algo o candidatos a ser alcaldes de una ciudad que imprimen volantes usando mis dibujos me da mucha rabia", dice.
"Estoy por defender los derechos de autor, no estoy con eso de dejar la libertad absoluta de que cualquiera pueda utilizar lo que se le da la gana sin pagar derechos de autor”.1

Los creadores Latinoamericanos del Humor Gráfico, presentes en el imaginario colectivo de nuestros pueblos, y en la memoria de nuestras luchas de resistencia, contra los poderes de distintos signos a los cuales nos ha tocado enfrentar con obras gráficas y sátiras literarias, (recopiladas en extensas bibliografías y pinacotecas), hablan de esa lucha ideológica tanto contra el poder del sistema capitalista, como contra los gobiernos del llamado socialismo real y ni hablar de los aportes hechos a las luchas de independencia contra el colonialismo, racismo, dictaduras militares y fanatismos religiosos. Por esos principios y posturas críticas sostenidas a través del humor gráfico, se han clausurado, cerrado periódicos y revistas, quemado libros, perseguidos y encarcelados a dibujantes y escritores.

Si se quiere conocer el lado profundamente humano de Quino, existe una extensa conversa/entrevista realizada por su amigo de toda la vida Miguel Rep de Página 12,  publicada en el suplemento RADAR de la misma revista, en el articulo A QUINO PODEMOS HACERLO, escrito por el periodista Martín Pérez,2 de la cual resaltamos un pequeño segmento:
PROBLEMAS DE TENOR. Cuando dibujaba regularmente sus chistes, -escribe Martín Pérez- Quino podía llegar a cargar con una idea durante años. La guardaba sabiendo que servía, pero que no le había encontrado final. Muchas de esas ideas, asegura Quino, quedaron sin terminar.
Rep: ¿No tiene la fantasía de dibujarlas alguna vez?
Quino: ¿Ahora? Es que, como estoy viendo tan mal, pensar en eso me jode mucho. No veo bien lo que dibujo. Antes para dibujar un ojo, que es un puntito de mierda, borraba diez mil veces. Qué cosa eso de los ojos, en el dibujo es nada más que un puntito, pero uno se da cuenta cuándo funciona y cuándo no...
R: ¿Cómo es ahora dibujar? ¿Qué se ve?
Q: Se ve como el culo, así se ve. No veo los límites del papel, tengo que poner en la mesa de dibujo un paño oscuro y pongo el papel arriba, porque si no no puedo ver los límites.
R: ¿Dibuja de memoria?
Q: Escribir de memoria puedo, pero dibujar no.
R: ¿Así que existe la posibilidad de que nunca más pueda dibujar?
Q: No lo sé. Cada tanto me pongo a dibujar, no quiero dejar de hacerlo. Pero le rajo al tema. Soy como un tenor que tiene problemas en las cuerdas vocales. Se pone a cantar y escucha que le está saliendo como el culo.
R: ¿Y la cabeza sigue imaginando chistes?
Q: No, me he autocensurado.
R: ¿Ya no tiene ese cuaderno al lado de la cama, para anotar las ideas que se le ocurren cuando sueña?
Q: Las ideas que soñé siempre fueron muy malas, nunca me sirvieron para nada. El cuaderno era para anotar esas ideas que uno se pone a pensar antes de irse a dormir, como le sucede a todo el mundo. Ya no las anoto. Ahora me las quedo para mí.

Nosotros los creadores gráficos, por experiencia propia, sí sabemos, mejor dicho sentimos, de lo que habla Quino, sobre los derechos de autor y otras “gríngolas” más, como la censura, autocensura y la exclusión por nuestro pensamiento crítico. La censura y la autocensura se aprenden y practican cuando los dibujantes que trabajan en corporaciones y empresas privadas transnacionales de la publicidad, someten su creatividad y opiniones políticas personales a los dictámenes de los dueños del jugoso negocio editorial. En la mayoría de las ocasiones, se autocensuran para conservar sus empleos. Todos los dibujantes tenemos en nuestro archivo, gavetas llenas de dibujos originales censurados tachados recortados.3
En todas partes se cuecen habas. Es de conocimiento público cómo la revista estadounidense Times solicitó imágenes a prestigiosos artistas dibujantes y su diplomática forma de censura, fue pagar por no publicarlos.4

Hoy los humoristas gráficos, sin recursos, ni medios impresos donde publicar, evaden temporalmente la exclusión divulgando sus “monos” en Internet, con ello nos están alertando, que la existencia de esta actividad de la Artes Visuales es innegable e indetenible. Que por ahora, la sostiene la ética e imaginación política de sus dibujantes, quienes la consideran un arma poderosa de comunicación ideológica política, a través de imágenes que valen más de mil palabras. Aquellas que hacen pensar.

La propuesta del humor gráfico contemporáneo en Suramérica, es esencialmente aportar a los procesos de cambios revolucionarios que vivimos, romper los silencios cómplices y la autocensura, fortalecer la solidaridad, crear y difundir masivamente imágenes, para que ellas abran ventanas a la imaginación política y al desarrollo del pensamiento crítico, desmontando las mentiras y matrices de opinión sesgadas del poder económico mediático mundial.5


          
FUENTES PARA SEGUIR LEYENDO
1.CNN en Español, ENTREVISTA Publicada en La PATILLA, 06 julio2012.
2. Martín Pérez.  A QUINO PODEMOS HACERLO, “Revista Página  12” Suplemento RADAR, Argentina, 2012.
3. Aníbal Ortizpozo .HUMOR GRAFICO EN LA VENEZUELA  BOLIVARIANA, 11 julio 2008.
4. Aníbal Ortizpozo. SINRAZONES DE LA CENSURA. CUANDO UN DIBUJO NO ES APTO PARA SER PUBLICADO. Blog Humor Gráfico Necesario, 17 mayo 2009.
5. Aníbal Ortizpozo. CONVIDADA DE PIEDRA LA CRITICA, Aporrea.org, 30 octubre 2010



ENTREVISTA COMPLETA A CONTINUACIÓN:


A QUINO PODEMOS HACERLO

Los cumpleaños que no le festejaban. La ventana en la que calcaba Mafalda. La pensión que compartía con Rodolfo Walsh. Los originales perdidos en un taxi. La chica que dibujaba trenes para Hugo Pratt. El peronismo y el antiperonismo. La corbata de Divito. La tía de Serrat y los taxistas madrileños. Copi, el folklore y Bing Crosby. Su salud y los ojos que ya no lo dejan dibujar como antes. Con sus 80 años como excusa, Quino aceptó charlar con Miguel Rep de todo y todos. Radar estuvo ahí para escucharlo.

 Por Martín Pérez


Antes de cumplir ochenta años, Quino confiesa haberse puesto de muy mal humor. “Tenía un humor de mierda”, resume el padre de Mafalda, sin tenerles miedo a las malas palabras. Usará muchas durante esta charla, aunque en rigor de verdad casi ninguna de las que usa se puede contar a esta altura –del nuevo siglo, de los usos y costumbres, del diccionario– como realmente tan mala. Carajo, por ejemplo, será una de las más usadas. Quino es un hombre encantador, que camina con pasos cortísimos, casi deslizándose sobre el piso, un Chaplin de la vejez, y que dice mucho carajo. Ese es Quino, entre tantas otras cosas.
“Estuve deprimido, medio jodido, de todo. Pero ahora que ya cumplí los ochenta todo eso se fue. Ya no me pasa nada con la edad”, aclara ante la mirada atenta de Miguel Rep, su colega y amigo, prácticamente uno de los hijos que nunca tuvo, con el que ahora comparte –a pesar del conocido gusto de Quino por un buen vino– un par de porrones de cerveza. El lugar es el living del departamento que Quino y su mujer Alicia tienen en el centro de Buenos Aires. La hora es al final de la tarde, luego de una tanda de firmas en la Feria del Libro Infantil porteña. “Lo único que me aturde es el desfile de nombres, uno atrás del otro, para las dedicatorias”, explica. Y la excusa para la reunión, por supuesto, es un cumpleaños con números tan pero tan redondos. “¿Siempre los números redondos ponen así, de mal humor?”, quiere saber Rep, quien asegura guardar aún una tarjeta con la que Quino, dos décadas atrás, lo invitó a celebrar sus sesenta años. “No”, responde enseguida Quino. “Nunca les di bola a esas cosas. Porque en mi familia nunca se festejaron los cumpleaños. Algo que a Alicia la hace sufrir mucho, porque siempre me olvido de esas fechas.”
En estos días de celebración casi colectiva de sus ochenta, Quino recuerda que el primer cumpleaños que le celebraron fue recién después de que muriesen sus padres, cuando ya estaba viviendo con su tío Joaquín Tejón, un dibujante publicitario gracias al cual el pequeño Joaquín Lavado decidió dedicarse a lo que lo llevó a ser llamado Quino.
Cada vez que nombra a su tío, Quino mira hacia un cuadro de ese otro Joaquín que está colgado en una de las paredes del living. Muestra a la maja desnuda de Goya, colgada en el museo, pero tapada –vestida– por los curiosos que la están mirando. “Fue mi tía la que me festejó mi primer cumpleaños”, precisa. “Me acuerdo de que compró bombones de Bonafide.”
Rep: ¿Cuándo fue eso?Quino: Debe haber sido en 1948, después de la muerte de mi madre primero y mi padre después. Recién entonces me festejaron algunos cumpleaños, pero tampoco es que hayan sido tantos los festejos...
R.: ¿Por qué no los celebraban?¿Por algo en especial?Q: Me parece que en España es así, porque tenemos un amigo español que tampoco los festeja.
Aunque no se encoge de hombros, los silencios de Quino son como si lo hiciera. Amable y de voz baja, parece decidido a recordar en esta noche de cerveza y ochenta años. “Mi madre se murió cuando se estaba terminando la Segunda Guerra Mundial. Como yo iba al cine solo desde los 8, me había visto todos los noticieros de la guerra. Por eso cuando me cosieron la franja de luto en la manga me sentí como un nazi al que le estuviesen cosiendo el brazalete con la esvástica. ¡Fue terrible!” En esa época, dice Quino, además del luto en la manga se usaba la corbata negra y la tirita negra en la solapa. “No se podía escuchar la radio, y se tenía que dejar entornada la puerta de zaguán durante tres meses”, explica. “Antes de mi madre murió mi abuelo, y después de ella fue mi padre. Así que prácticamente me pasé de luto de los diez a los dieciocho años.”
R: ¿Eso le formó la personalidad? ¿Antes era un niño más alegre?
Q: Claro que sí. Lo fui hasta que mi madre se enfermó de un cáncer que la tuvo dos años en cama. Cuando fui a ver Gritos y susurros de Bergman, casi me tengo que ir del cine. No lo aguantaba.
R: ¿Y cómo fue la relación con su padre?
Q: Mi papá hablaba muy poco, pero cuando abría la boca era muy gracioso. Un andaluz gracioso. Era muy de café y jugar a las cartas, y una tarde de café se enojó con un amigo. No sé qué estaba diciendo el otro, pero mi padre le respondió: “¡Cállate ya, membrillo!”. A partir de entonces al otro le quedó el Membrillo. Lo cagó para siempre.



YANKIS Y MARXISTAS

“Antiperonista.” Así es como se define políticamente Quino en la época de sus comienzos como humorista. ¿Antiperonista pero...? “Pero nada”, asegura contundente.

Recién después explica, sonriente: “Soy hijo de republicanos españoles, anticlerical a muerte”. Cuenta que su abuelo lo llamaba cuando era chico. “Niño, ven pa’acá”, le decía. “¿Tú sabes lo que es una misa?” El niño Joaquín decía respondía que no, y el abuelo le explicaba: “Una congregación de ignorantes adorándole el culo a un tunante”.
Su abuela, además, era comunista. “Venía a vender bonos del partido a mi casa.” Y sus padres, aclara, eran “socialistoides”. “Se armaban unas discusiones del carajo”, recuerda con la mirada perdida y sin poder borrarse la sonrisa de la boca. “Por eso es que yo siempre fui muy politizado.”
Q: Yo sintonizaba La Voz de las Américas y escuchaba a Bing Crosby. En esa época vos ponías la radio y escuchabas de todo: Radio Pekín, a los rusos, lo que quisieras. El éter estaba limpísimo.
R: ¿Su abuela comunista le decía algo cuando lo descubría escuchando a Bing Crosby?
Q: Venía con unas fotos de bombardeos norteamericanos sobre alguna ciudad alemana, que había quedado así, llena de escombros, al ras del suelo, y me acusaba: “¡Mira, niño! ¡Mira lo que han hecho los tuyos!”.
R: ¿Por qué los tuyos?
Q: Porque a mí no sólo me gustaban Bing Crosby y Frank Sinatra, sino también las películas norteamericanas, los musicales, Esther Williams. Todas esas cosas.
R: ¿Ya dibujaba en esa época?
Q: Empecé a dibujar como todos los niños, a los dos o tres años. Pero a los catorce decidí que iba a ser dibujante de humor.
R: ¿Por qué de humor?
Q: Porque me había criado con mi tío Joaquín, y él estaba suscripto a varias revistas norteamericanas, porque era publicista. A su casa llegaban Life, Esquire y Saturday Evening Post, donde había unos dibujantes norteamericanos que hacían humor mudo, como Eldon Dedini. Y cuando a los dieciocho años me cayó en las manos París Match y me encontré con Jean Bosc y Chaval, ni te cuento. Yo me crié con ese tipo de humor. Divito me decía: “¿Qué tiene que ver esto con el humor de la Argentina? ¡No tenemos nada que ver con un desierto o un elefante!”. Pero no me importaba, el humor que me gustaba era el de ese dibujo de Chaval, en que el tipo va mirando por la ventanilla de un avión y ve pasar un tranvía.

CALCANDO A MAFALDA

Patoruzú, Rico Tipo, El Tony y Tit Bits. Hasta una revista femenina llamada El Hogar. “La comprábamos para mi tía y ahí Lino Palacio hacía una tira llamada El cocinero y su sombra”, recuerda Quino, que no se cansa de recordar nombres de revistas de aquella época, como quien recuerda los apellidos de la delantera de su equipo de fútbol favorito. “Hay una cosa de la economía del momento que no me cuadra, porque me acuerdo que mi padre para comprarse un traje tenía que pedirles una forma a sus amigos para sacar un crédito... y sin embargo en mi casa se compraba todo tipo de revistas. Así que, o las revistas eran baratas, o los trajes eran carísimos.”
Alguna vez Quino dijo que su primer sueño como dibujante fue ser ayudante de Divito, la primera gran estrella del dibujo argentino. “Su romance con Amelia Bence salía en Radiolandia. Y aunque era muy bajito se vestía de manera muy elegante”, recuerda Quino, quien señala que Lino Palacio           también tenía su fama. “Lo conocía todo el mundo por las tapas de Billiken.” Para llegar hasta Palacio, Quino recibió la ayuda de Dobal, su ayudante, que le daba consejos para su dibujo. “Aún hoy siempre hablamos por teléfono”, se admira Quino ante la mención del autor de la tira El detalle que faltaba. Y agrega: “Está cada día más bajito”.
Antes de llegar a hablar directamente con Divito, en Rico Tipo lo atendía un dibujante llamado Rovira. “Usaba muy grande el nudo de la corbata, era muy elegante. Porque en Rico Tipo todos sufrían la influencia de Divito en su vestimenta.” Parece que gustaron sus ideas, asegura Quino, porque enseguida pasó a ser atendido por el propio Divito, que hacía que le llevase sus dibujos en lápiz. “Me los corregía, yo los pasaba a tinta y después me los publicaban.”
R: Una vez contó que en sus comienzos dibujaba más sencillo...
Q:¡Mucho más! Yo hacía la línea, nada más. Pero Divito me decía que no, que la gente paga y hay que entregarle material...
R: ¿Cuándo se dio cuenta de que había encontrado su estilo como dibujante?
Q: Después de tomar unas clases con Demetrio Urruchúa. Habrá sido recién después del año 1965...
R: Mucho después de haber empezado con Mafalda, entonces.
Q: Es que yo a Mafalda la calcaba de un cuadro a otro porque no me salía igual y entonces sufría. Oski calcaba muchísimo, él me animó, tenía una mesa de vidrio inclinada con la luz debajo. Yo nunca tuve una mesa así, por eso usaba la ventana...
R: ¿Cómo eran esas clases?
Q: Urruchúa tenía un ejercicio: te hacía pintar un cartón de los colores que quisieras. Después te decía: usted es de familia sirio-libanesa, rusa, o italiana, por los colores que habías elegido. Y era así. Algo increíble. A mí me decía: usted, andaluz, tiene que romper con esos colores de Goya, pinte amarillos y blancos. Yo me ponía a hacerlo, pero una fuerza mayor que yo me hacía taparlo con colores ocres y pardos.
R: ¿A partir de esas clases siente que se asentó su estilo?
Q:Es que yo pasé por varias etapas. De narices puntiagudas o más redondas. Una vez hablando con Julián Delgado recuerdo que me dijo: “Che, estás haciendo los pies muy largos”. Yo miraba y no veía nada raro, así que pensaba que Julián estaba loco. Pero lo que pasa es que no había nada raro en el dibujo: me decía de los pies escritos. Les llamaba pies a los textos, de tan periodista que era.

EL GUERNICA Y EL SALERO

La única vez que Quino asegura no haber dibujado en su vida fue cuando hizo la colimba. Sólo pintaba el banderín del equipo de polo de los oficiales de la Artillería Aérea de Montaña, allá en su Mendoza natal. “Tardaba mucho, porque cuanto más pintaba menos cosas tenía que hacer”, recuerda. “Tres días más tarde...”, apunta Rep.
R: ¿Además de anticlerical era antimilitar?
Q: Es que de chico vivía obsesionado porque tenía que hacer la colimba. Y tenía razón. Es una cagada. Bah, lo que pasa es que uno sale del mundo de su familia y se mete ahí con chicos de otras provincias. Me acuerdo de que había un chico de Córdoba que no sabía lo que era un tenedor.
R: Pensé que iba a decir que no conocía el mar...
Q: Yo conocí el mar recién a los doce años. Fui a Mar del Plata, con mis tíos. Una tía de Joan Manuel Serrat tiene la anécdota más hermosa que yo escuché nunca sobre el mar. Era una señora de unos cincuenta años, así que la llevaron a la costa y toda la familia se quedo atrás para ver qué decía. Estuvo mirando un rato muy largo, hasta que se dio vuelta y le dijo a la familia: “¡Qué ocurrencia!”. El mar, qué ocurrencia. Es buenísimo eso.
R: Claro, porque a ella no se le había ocurrido... Para los consumidores de humor, ya sea por curiosidad o profesión, el humor que más gracia les causa es el humor bruto, porque es más virgen.
Q: Como el de Gila. Era el humor que en una época sabían tener los taxistas de Madrid. Una vez con Alicia nos tocó uno que decía: “Lo que yo no entiendo es eso del vaso medio lleno y medio vacío. ¡Si el vacío es la nada! ¿Cómo va a estar medio vacío?”.
R: ¿Cómo fue que le dijeron hace poco los médicos que lo atendieron en Madrid?
Q: Ah, sí. Hace unos meses, en febrero, tuve una descompensación muy fuerte. Me sentía para el carajo, así que me tomé la presión y cuando vi que tenía cinco de máxima llame a un hospital. Pedí que me enviasen un médico, porque me sentía muy mal. “Vamos a ver, ¿cuánto tiene usted de máxima?”, me preguntó el que me atendió. “Cinco”, le respondí. “¡No puede ser!”, me dijo. “¡Eso no es compatible con la vida!”
R: Es como el chiste de la señora que acomoda el Guernica. Es Manolito. Lo lleva en la sangre.
Q: Teníamos una casita en el Tigre y cada vez que llegábamos estaba todo húmedo. Teníamos un salero chiquitito, de cerámica, con un solo agujerito. La sal no salía, por supuesto, así que yo agarré un clavo y un martillo. Sin pensar que el clavo era más ancho que el agujero, le pegué con el martillo y estalló el salero para todos lados. Eso es Manolito.



Foto : Xavier Martin

CON LA MONTERA PUESTA

Quino no es Manolito. Ni Mafalda. Ni Libertad. Sino que tiene partes de todos los personajes de su tira más famosa. Hasta de Susanita porque, como ha contado más de una vez, es un fanático de los chistes. Para demostrar que también tiene algo de Miguelito, siempre recuerda cuando vivían en una pensión con Julián Delgado y de pronto le preguntó: “¿Cuánto pesa un árbol?”. “Por qué no te vas a la puta que te parió”, fue la indignada respuesta de su amigo, harto de semejantes           delirios.
Amigo del alma de Quino, con Julián se dejaron de hablar luego de una disputa sobre los primeros originales de Mafalda. “A los seis meses de publicar la tira en Primera Plana, me la pidió un diario de Bahía Blanca. Entonces fui a hablar con Julián, que era el secretario de redacción, y me dijo que los originales eran de la revista, no míos. ¡Mi amigo de toda la vida me dijo eso! Fue un dolor enorme. Así que fui al archivo, le pregunté al cadete si tenía mis originales y él me los dio... ¡y por eso estos carajos lo echaron! Ahí fue cuando dejé Primera Plana”.
R: ¿Los sigue teniendo?
Q:Casi todos. Pero el tomo siete de Mafalda se perdió todo. Un cadete se lo olvidó en un taxi. Y desde entonces nunca han reaparecido.
R: ¿Dónde estaba la pensión en la que vivían con Julián?
Q:En avenida Forest al 1400 o 1600, creo. No era una pensión, sino la casa de una señora que alquilaba dos piezas. Después que se fue Julián, llegó Rodolfo Walsh.
R: ¿Se hablaban con Walsh, eran amigos?
Q: Hablar teníamos que hablar, porque para salir de su pieza tenía que pasar por la mía. A mí Rodolfo me costaba mucho, así que amigos no éramos. Pero cuando él alquilaba la casa en el Tigre, allá fuimos. Sacaba un arma y tirábamos al blanco.
R: ¿Mafalda significó la tranquilidad del trabajo fijo?
Q: No, porque el trabajo fijo ya lo tenía antes con las páginas de humor. Antes de Mafalda llevaba unos once años publicando, así que estaba tranquilo con eso...
R: Y continuó con esas páginas mientras hacía Mafalda...
Q: Sí, era una locura. Pregúntenle a Alicia, nunca sabíamos cuándo podíamos salir de vacaciones. Yo siempre viví obsesionado con la entrega. Hasta el sexo conocí muy tarde por la puta obsesión de ser dibujante y publicar...
R: Ser dibujante es una renuncia a vivir. Aunque ahora debe ser más fácil.
Q: Bueno, ahora los chicos hacen sus blogs. Publican ahí sus ideas y no los jode nadie. Bah, tampoco les paga nadie.
R: Antes dependías de que una revista te aceptara, y no era que te salvabas. Todas las semanas rendías examen.
Q: Con las primeras páginas que publiqué metí la pata. Dibujé un torero que había matado a un toro y estaba con la montera puesta. Un lector mandó una carta tratándome de bruto, como no sabía que el torero dedica el toro a alguien antes de matarlo y le arroja la montera. Eso me marcó. Por eso después me transformé en un obsesivo de la documentación.
R: Es que el lector cuando se ensaña puede ser tremendo. Te está diciendo sos un bruto, te voy a seguir con la lupa.
Q: Yo creo que Oski era el más documentado de todos...
R: Pero no hacía chistes para el gran público...
Q: Tenía Amarroto...
R: Pero no necesitaba documentación para eso, eran cuatro personajes, un delirio. En cambio, usted es un dibujante casi realista. No hay otro caso. Después vino la escuela de Crist y Fontanarrosa, que se cagaron en todo. No se documentan nada, no les importa si el arma que dibujan puede funcionar o no...
Q: Pero Crist de armas algo conoce...
R: Yo no sé si funcionan sus armas, eh. En Oski funcionan, en Mordillo también, en Quino funciona todo. Pero en Fontanarrosa no funciona nada..., ¡ni un vaso funciona!
Q: Recuerdo que para dibujar una máquina de cortar fiambres me iba a verla al almacén. No me salía, y Crist me decía que la inventara. Pero le intentaba explicar que no tengo imaginación para inventar eso.
R: Los que tenían la manía de la documentación eran los dibujantes de historieta realista. Por ejemplo, Pratt se documentaba...
Q: Pratt tenía una mina que le dibujaba las locomotoras.
R: Se llamaba Gisela Dexter.
Q: Era una minifaldera.
R: ¿Conoció a Pratt y sus legendarias borracheras?
Q: A Pratt lo conocí, pero esa clase de noches las tuve con Jaime Dávalos, por el lado del folklore. Después de que hacía mi entrega en Democracia, que estaba en el edificio Atlas, al lado del Bajo, terminábamos en un bar que había en Córdoba y Reconquista.
R: ¿Por qué Dávalos? ¿Venía por el lado de Brascó, que era amigo de Ariel Ramírez?
Q: Claro, vivía en una casa donde había varios dibujantes, como uno que se llamaba Benicio Núñez. Era un tipazo, un indio con una edad incalculable, que una vez lo despertó a Juan Fresán mintiendo: “¡Se murió Picasso, ya podemos estar tranquilos!”.
R: ¿Qué hacían con Dávalos? ¿Chupar y mirar minas? ¿Escuchar folklore?
Q: Claro. Y también aparecían estos poetas salteños...
R: ¿El Cuchi Leguizamón no aparecía?
Q:No, pero me hubiese gustado, porque me gustaba mucho lo que hacía. El que aparecía era Tejada Gómez, esa gente.
R: ¿Lo que sería el folklore de proyección?
Q: No, ésos vinieron después. Son los que asfaltaron el Camino del Indio, como dijo Atahualpa Yupanqui.
R: ¿Y a Yupanqui no lo conoció?
Q: Lo conocí, pero en París. Como el chiste de Crist, el de un gaucho con una guitarra que anuncia: “Voy a hacer una cosa de don Atahualpa, irme de la Argentina”.



MIRANDO PARA AFUERA

Apenas pudo, Quino dejó las revistas de humor y pasó a publicar sus chistes en revistas de actualidad. Algo que confiesa haber elegido, porque –calcula– su humor siempre tuvo poco que ver con lo que se estaba haciendo en la Argentina. “Se hacían chistes sobre las suegras y la oficina, cosas que en Mendoza no había. Bueno, gente que trabajaba en oficinas siempre hubo, pero yo no frecuentaba ese mundo. Mi padre trabajaba en una tienda que se llamaba A la Ciudad de Buenos Aires. Cada piso tenía un rubro, y mi papá era el jefe del bazar”, recuerda Quino, el humorista que quiso ser humorista leyendo a los dibujantes de las revistas extranjeras que le llegaban a su tío Joaquín. “Quino es un renovador del humor argentino”, apunta Rep. “Mientras dibujantes como Calé miraban sólo hacia adentro, él miraba hacia afuera.”
Q: Calé siempre me decía eso: “Pibe, vos siempre estás en la vereda de enfrente. ¿Qué tiene que ver lo que vos hacés con la Argentina?”.
R: Le hubiese dicho lo mismo a Copi.
Q: Copi era más joven, pero era mucho más culto que yo. Yo lo veía como un revolucionario estético, con su mujer sentada. Era un distinto. Ser homosexual, además, en esa época...
R: ¿Como llevaba esa homosexualidad? ¿Hablaban abiertamente de eso o lo ocultaban?
Q: ¿Vos sabés que no me acuerdo? Uno sabía que Copi era homosexual, pero nadie hablaba de eso. Era como ser judío entonces, nadie se hacía esos planteos, no importaba demasiado.
R: ¿No importaba ser homosexual?
Q: Copi nunca se preocupó por serlo, y además no era un tabú.
R: ¿Y usted qué pensaba?
Q: Qué sé yo, viniendo de familia andaluza no era para escandalizarse o andar descubriendo la pólvora. Todos sabíamos de García Lorca y Manuel de Molina. Mi padre amaba a Manuel de Molina.
R: ¿Cuándo se conocen con Copi?
Q: En Tía Vicenta, donde también publicaba otro distinto como Kalondi, que era un petardista del carajo. Una vez me preguntó qué me había parecido la exposición de Fulanito, y yo le dije que me había gustado mucho. “¿No le vas a encontrar ningún defecto?”, se quejó.
R: Era demasiado sincero.
Q: Sí, y además vivía con la culpa de que su viejo tenía guita...
R: Mientras usted peleaba el mango.
Q:Sí yo publicaba entonces en seis revistas al mismo tiempo. La locura de siempre.
R: Siempre dijo que tenía miedo de que alguna vez no se le ocurriese nada...
Q: Es un terror que uno siempre tiene. Lo más angustioso que me acuerdo fue una vez que nos fuimos de vacaciones al Uruguay, a La Paloma. Tenía que mandar Mafalda a Siete Días, y no se me ocurría nada. Pasé una angustia espantosa esos días ahí.
R: ¿Cómo lo solucionó?
Q: Hice una tira que no me gustaba nada, que después mirándola no te das cuenta si es mejor o peor que otras. Pero en el momento la entregué con mucha vergüenza. Porque uno a veces entrega con vergüenza. Y otras veces uno tiene una idea con la que se entusiasma, y está esperando que salga para ver qué te dicen los amigos, y nadie te dice nada de nada.
R: ¿Cuál fue esa Mafalda que entregó con vergüenza?
Q: Una en que Manolito descubre que los ratones le están comiendo un queso.

LOS CUADROS OSCUROS

Ni religión, ni política, ni sexo. Esa fue la censura que Quino sufrió desde el comienzo de su carrera, la misma de todos sus colegas. Al menos en las revistas de humor. “Yo hice una página contra Franco en Tía Vicenta que me alegré mucho cuando salió”, recuerda. “Eran cinco dibujos, de la época en que el slogan de Franco era ‘Caudillo de España por la gracia de Dios’. Y en uno de los dibujos aparecía un hombre mirando el afiche en la calle, y decía: ‘Señor, ¿no te parece que, como gracia, ya está bueno?’. Landrú me lo publicó, pero eso era una rareza.”
Sin embargo, el huir de las revistas de humor hacia las de actualidad no significó que desaparecieran todas las barreras. Quino recuerda el nombre de Jorge Urbano, un director interino de Panorama, al que lo inquietó una página en la que pasaba desfilando una banda militar, y después pasaba silbando un caballo de los de la banda. “Me dijo que esa página no se podía publicar, porque los militares no sé qué”, explica Quino, que también asegura haber sufrido la censura en Siete Días, cuando mandaba sus dibujos desde Italia. “Cuando tocaba temas de sexo, yo veía que no salían.”
El problema con la censura, cuenta, era que no estaba claro qué se podía hacer y qué no. “En Brasil por lo menos había censores”, cuenta. “Ziraldo me mostró una vez cómo le devolvían los chistes que mandaba, con una cruz roja encima prohibiéndolos. Pero acá nadie te decía nada. Así que uno se autocensuraba, porque si no te lo van a publicar, para qué lo vas a dibujar.”
Lo peor de todo lo que alguna vez sucedió con sus dibujos, cuenta Quino, llegó después de que hubiese abandonado Argentina, huyendo de la violencia de los años ’70. “Yo me fui en marzo del ’76. En junio mataron a cinco curas palotinos, y dejaron encima de sus cuerpos el poster del palito de abollar ideologías. Cuando vi por primera vez esas fotos publicadas mucho después de que se hubiesen ido los militares, creo que en Página/12, fue algo que me impresionó muchísimo.”
R: Es horrible que sus dibujos estén asociados a una muerte de ese tipo.
Q: No fue la única vez. También sucedió luego del asalto de un banco por parte de la FAL, en el que murió un policía. Tiraron como volante una página mía que había salido en Primera Plana, en la que aparecía un tablero de ajedrez en el que las piezas eran personajes humanos. De un lado había obreros y del otro los ricos, y aunque los obreros eran más el texto decía: Juegan las negras y hacen mate cuando les da la gana.

PROBLEMAS DE TENOR

Cuando dibujaba regularmente sus chistes, Quino podía llegar a cargar con una idea durante años. La guardaba sabiendo que servía, pero que no le había encontrado final. Muchas de esas ideas, asegura Quino, quedaron sin terminar.
R: ¿No tiene la fantasía de dibujarlas alguna vez?
Q: ¿Ahora? Es que, como estoy viendo tan mal, pensar en eso me jode mucho. No veo bien lo que dibujo. Antes para dibujar un ojo, que es un puntito de mierda, borraba diez mil veces. Qué cosa eso de los ojos, en el dibujo es nada más que un puntito, pero uno se da cuenta cuándo funciona y cuándo no...
R: ¿Cómo es ahora dibujar? ¿Qué se ve?
Q: Se ve como el culo, así se ve. No veo los límites del papel, tengo que poner en la mesa de dibujo un paño oscuro y pongo el papel arriba, porque si no no puedo ver los límites.
R: ¿Dibuja de memoria?
Q: Escribir de memoria puedo, pero dibujar no.
R: ¿Así que existe la posibilidad de que nunca más pueda dibujar?
Q: No lo sé. Cada tanto me pongo a dibujar, no quiero dejar de hacerlo. Pero le rajo al tema. Soy como un tenor que tiene problemas en las cuerdas vocales. Se pone a cantar y escucha que le está saliendo como el culo.
R: ¿Y la cabeza sigue imaginando chistes?
Q: No, me he autocensurado.
R: ¿Ya no tiene ese cuaderno al lado de la cama, para anotar las ideas que se le ocurren cuando sueña?
Q: Las ideas que soñé siempre fueron muy malas, nunca me sirvieron para nada. El cuaderno era para anotar esas ideas que uno se pone a pensar antes de irse a dormir, como le sucede a todo el mundo. Ya no las anoto. Ahora me las quedo para mí.

http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/radar/9-8112-2012-08-04.html
diario/suplementos/radar/9-


8112-2012-08-04.html

Chile S.A. Empresarial

como vayan llegando, los vamos posteando...
Postal de Santiago - Ortizpozo

Guidú - Dibujante chileno (resd. Europa)

Guidú - Dibujante chileno (resd. Europa)

A 38 años del golpe - Frank Cineros, Venezuela

Carta de Chile: Humor en estado de sitio

A todos nuestros queridos amigos y seguidores del Blog:

Les posteamos imágenes desde Chile, de la Exposición HUMOR EN ESTADO DE SITIO inaugurada en ese extraordinario monumento a la resistencia y lucha por la libertad del pueblo chileno que es el MUSEO DE LA MEMORIA Y DE LOS DERECHOS HUMANOS que registra los atentados contra la vida y la dignidad de las personas ocurridos entre el 11 de septiembre de 1973 y el 10 de marzo de 1990. Es una invitación a reflexionar para que estos hechos no se repitan nunca más e instalar el respeto a los derechos humanos como una práctica permanente.

Por mi parte, no puedo dejar de señalar, que desde 1990 al día de hoy han transcurrido 22 años donde bajo una democracia tutelada en el periodo de la pos dictadura los aparatos represivos del Estado continuaron violando impunemente los derechos humanos de los chilenos y chilenas. No obstante, este Museo, este espacio es una invitación a seguir construyendo la memoria colectiva de nuestras luchas, en el entendido que este necesario espacio no lo es todo, todos tenemos un pedazo de memoria que viaja con nosotros, al igual, como hay “memoriales” en distintos pueblos y rincones emblemáticos de Chile. Será necesario sumar a esa construcción de memoria todo lo que se hizo desde el exterior y que permitió una total condena internacional y solidaridad de las naciones con esa parte de pueblo chileno asilado en diversos países, donde quedan algunos que aún no regresan a su país.

Puedo afirmar, que el pueblo chileno apoyado en su memoria y experiencia política, (sin desconocer la profunda mercantilización de la vida social), está regresando a la esperanza de lograr cambios sociales. Se tiene la sensación que más allá de los “temblores y tsunamis” algo más se está moviendo en él.

Aníbal Ortizpozo.

Santiago de Chile, 27 de febrero del 2012

PD.: Reciban también saludos desde Chile de mi hija Daniela, quien realizó la fotografías de la exposición y de Emi Ramírez quien realizó el montaje de esta entrada al Blog.





HUMOR EN ESTADO DE SITIO

“La censura puede llegar a ser beneficiosa para la creatividad. Ello no es mérito de los dictadores ni de sus funcionarios examinadores sino de los atajos que toma la inteligencia para decir lo prohibido. De la Barra, Gato, Guillo, Hervi, Palomo y Rufino fueron ejemplo de ello. Su lúcida y aguda observación del acontecer nacional bajo el período de Pinochet dejó imborrables testimonios de sentido del humor, ironía y hasta de socarronería para denunciar lo impensable o simplemente encaminar a los chilenos hacia una segunda mirada, cargada de ingenio y gracia, sobre los sucesos y las políticas que se impulsaban desde el poder y la arbitrariedad. Humor en Estado de Sitio es un merecido homenaje a quienes con su talento y alcance supieron dar ánimos a los chilenos en medio de la oscuridad”. (Texto de sala)


DE LA BARRA




Historiogramas Cauce Nº7 24 julio al 6 agosto 1984


Caricatura del General Manuel Contreras, ex jefe de la DINA y sus hombres. Cauce Nº10 27 de marzo al 10 abril 1984


Eduardo De la Barra, nació en Chillán en 1942. Aunque emigró a la edad de seis años a Santiago, sus primeros estudios en el Colegio República de México de Chillán, donde se encuentran famosos murales de David Alfaro Siqueiros, fueron una fuerte influencia para que comenzara a dibujar. A los 14 años fue ayudante del creador de Condorito, René Ríos, Pepo. Sus dibujos sean publicado en las revistas Punto Final, La Chiva, La Firme, Mampato, Cauce y en diarios como La Nación, La Tercera y La Cuarta. Si bien durante los años 80 realizó un gran trabajo en la caricatura política en medios de oposición a la dictadura militar, han sido más populares sus personajes El Piola y El Jaiba y especialmente, Palomita (ambos publicados por el diario La Cuarta). En los últimos años, De la Barra ha podido cumplir uno de sus proyectos más queridos; dedicarse al comic, al formar parte del equipo realizador de las novelas gráficas Zombies en la Moneda (Mythica, 2009) y Misión Valparaíso (Mythica, 2011), historias que mezclan acción, ciencia ficción y sátira política.



EL GATO


Pinochet caricaturizado junto al abogado y Procurador General de la República –cargo creado por la dictadura-, Ambrosio Rodríguez. Costado derecho: Hernán Büchi, Ministro de Hacienda de Pinochet y ex candidato presidencial.

El Gato Por los tejados – Cauce Nº83 14 al 20 de julio 1986

“Me arriesgué y dibujé a Pinochet sin tapujos y como lo que es: un dictador y un torturador. En cierto modo fue una catarsis de los chilenos, que veían retratada a la persona que había arruinado sus vidas”.

Juan Carter (1961), verdadero nombre de El Gato, comenzó a publicar sus dibujos a muy temprana edad. Su afiche “100 Huevones” es todo un clásico que pasó de las veredas Barrio Bellavista y las ferias artesanales, al mundo entero. Carter se graduó de la carrera de Arquitectura y Urbanismo en 1985, fecha en que ya colaboraba en las páginas de la revista APSI y Cauce, haciendo gala de un estilo que caricaturizaba de forma grotesca al Gobierno Militar. Después de publicar en 1988 el libro Atención Chile, con dibujos humorísticos de Pinochet, El Gato abandona el país para radicarse en España, donde se ha dedicado a ejercer su profesión, también incursionando en diseño gráfico y las artes plásticas.


GUILLO


Pinochet barriendo bajo la alfombra.

Pinochet ilustrado. En 1979, trescientas sesenta y cinco personas fueron detenidas en marchas no autorizadas en conmemoración del Día Internacional del Trabajo.


Serie Luis XIV – En diversas entrevistas Pinochet se declaró admirador de Luis XIV. Una edición especial de revista APSI (APSI Extra, editada el 20 de agosto de 1987), que llevaba de portada una ilustración del general caracterizado como Rey Sol, fue requisada y su director y editor encarcelados.

“Entiendo al humor editorial como un acto de humor y de amor para que la sociedad crezca, un acto que requiere libertad, soberanía, respeto y ser desarrollado sin censura ni autocensura. Debe ser posible tocar todos los temas y desnudeces de todos los emperadores sin excepción, pues para el humor editorial verdadero no hay vacas sagradas”.

Guillo (Guillermo Bastías) nació en Santiago de Chile en 1950. Estudió Arquitectura y Cine en la Universidad Católica. Desde aquellos años inició un temprano oficio de dibujante, labor que cobró total sentido durante el régimen militar al colaborar para la revista de oposición APSI. Posterior a la dictadura, Guillo continuó publicando en medios escritos como El Periodista, Rocinante y Plan B, y desde 1988 entrega su “humor editorial” desde el ciberespacio, a través de su propia página web www.guillo.cl. Es autor de los libros El Humor es más fuerte (Ediciones del Ornitorrinco, 1991), Tú tienes derecho a ser tú –en colaboración con el escritor y poeta Eric Polhammer- (Paesmi-Pehuén, 1989), Atentamente, Guillo (LOM, 2000), y Pinochet Ilustrado (Genus, 2008).


HERVI


HOY 14 de diciembre 1987


“La dictadura marcó una forma muy compulsiva de opinar a través del dibujo. Si para mí antes dibujar fue un divertimento, en ese momento fue una necesidad”.

Hervi, de verdadero nombre Hernán Vidal, nació en Santiago en 1943. A los 13 años comenzó a trabajar como ayudante del creador de Condorito, René Ríos, Pepo. Desde entonces nunca ha dejado de dibujar, incluso en paralelo con sus otras ocupaciones de arquitecto y diseñador gráfico. Su obra ha estado ligada a un diverso número de publicaciones y medios escritos nacionales, destacando su trabajo como Director de Arte de la Editorial Quimantú y su participación en la creación de revistas como La Chiva y La Firme. En los años de dictadura, sus dibujos de humor político fueron publicados en la revista Hoy, al mismo tiempo que su personaje Súpercifuentes hacía leyenda en la revista cultural La Bicicleta. Dentro de sus libros publicados se encuentran Nones (Ciseros, 1988), Peucomán y otros bichos de la fauna Chilena (Editorial Planeta, 1955), Chano No Más (Aplaplac, 2006), Súpercifuentes El Justiciero (Feroces Editores, 2008) y ¡Ay Tierra! (Feroces Editores, 2008).




PALOMO


Análisis 131 25/feb a 3/marzo 1986

“El Cuarto Reich” es cualquier sitio en un lugar indeterminado, es un propuesta para meditar lo ocurrido con los habitantes, o lo que queda de ellos cuando es vapuleado por los paradigmas y las soluciones políticamente correctas diseñadas por los países ricos. Un mundo ya no dividido en la vieja dicotomía de explotadores y explotados, sino en acreedores y deudores o la más posmoderna de: consumidores y consumidos”.

José Palomo nació en Santiago en 1943. Comienza a dibujar desde muy niño, dedicándose de manera profesional desde 1963. Publicó en el suplemento Ultima Hora, las revistas Mampato, El Pingüino, Can Can y Ritmo. Fue uno de los creadores de la revista La Chiva, junto a Hervi y los hermanos Jorge y Alberto Vivanco. Después del Golpe de Estado, se radica en México, donde crea su tira de humor político “El Cuarto Reich”, que se publicó entre 1978 7 1988 en el periódico Unomásuno y que en nuestro país editó revista Análisis. Palomo continúa colaborando para medios de todo el mundo y en su carrera ha editado varios libros para niños y adultos.



RUFINO


Cosas de Rufino 349 28/03 al 03/04 de 1984

Cosas de Rufino 308 15 al 28 junio de 1983


“No creo que haya un político perfecto o un funcionario perfecto o un sistema político perfecto. Todo da pie para agarrar un ratito para el chuleteo, que no es tan grave…”.

Rufino, de verdadero nombre Alejandro Montenegro, nació en 1949. Estudió publicidad y ha ejercido como director de arte, diseñador y dibujante. Desde fines de los años 70 comienza su labor en la revista Hoy, donde su página de humor político “Cosas de Rufino” se vuelve un emblema,especialmente por aquellos recordados “sapos” de anteojos oscuros. Ha recibido importantes distinciones como Premio SIP (Sociedad Interamericana de Prensa),mención Caricaturas y el Premio Nacional del Humor Jorge “Coke” Délano, de la Universidad Diego Portales. Sus dibujos se encuentran compilados en los libros ¡Psst…! Monos de Rufino (Aconcagua, 1983), Rufino ataca de nuevo (Editorial Antártica, 1986) y Civiles No Identificados (MIDIA, 2009) que lo hizo adjudicarse el premio de la Asociación de Periodistas de Espectáculos, APES, ese mismo año.